¿Qué valor tiene la educación?
Cada familia y los padres tienen miradas diferentes sobre la educación que – generalmente – se resisten a los discursos que puedan emerger del sistema, de las instituciones, de los educadores. Una mirada exploratoria y crítica sobre algunas de ellas, pueden ayudar a comprender la complejidad de relaciones que se tejen en torno a las escuelas de nuestros días:
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Son los padres que sin mayor conocimiento ni cuestionamientos cumplen con la obligación que se les impone (y que comprenden) de ofrecer educación a sus hijos. La relación con la escuela será formal y el compromiso, relativo. |
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Consideran que la educación es el único legado que puede dejarle a sus hijos y que como tal es un regalo que le hacen. Aunque tienen incorporado en sus discursos y declaraciones el valor de la educación, no siempre pueden ponderar el valor real de la misma, ni acompañar desde la familia el trabajo que se realiza. |
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Saben, por experiencia o por conocimiento del entorno, que la educación de los hijos es una inversión a futuro. Por eso no sólo la valoran sino que exigen que la misma respuesta a sus expectativa. Y lo hacen eligiendo con cuidado las instituciones educativas o formulando observaciones y pedidos cuando comprueban que no responde a los niveles deseados. Suelen ser exigentes también con sus hijos, haciéndolos conscientes del valor de la propia educación. |
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Son padres que quieren lograr en sus hijos lo que la vida no les entregó en su momento a ellos. Hay una carga de frustraciones que se compensa con las posibilidades que depositan en sus hijos. No siempre encuentran en sus hijos la misma voluntad que ellos manifiestan. |
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La educación es cuestión de la escuela y de sus docentes. En consecuencia, los padres depositan en las instituciones a los hijos (playa de estacionamiento) y sólo esperan que sean bien tratados, sin saber con certeza qué es lo que esperan de ellos. En algunos casos pueden funcionar como confiados usuarios de un taller en el que cada día se le hace el servicio educativo al propio hijo. |
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La vida es otra cosa, pero la escuela es aun una exigencia social, un trámite, un pasaje. Sin valor lo que fomentan es un tránsito por ella sin problemas y sin mayores expectativas: lograr que en el tiempo asignado se logren las acreditaciones de rigor. |
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RESPONSABILIDAD COMPARTIDA |
Son los padres que entienden la educación como un proceso que se desencadena en cada sujeto y del que tanto la familia como la escuela son sus acompañantes y complementos, porque se trata – en suma – de que cada uno se haga cargo de su propia educación, de su propia vida. |
066. Padres, familias, escuelas
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PADRES |
Los que ejercen un supercontrol sobre sus hijos: actividades, acciones, amistades, horario y uso del tiempo, etc. No logran acompañar el crecimiento de los hijos con formas creciente de autonomía. Son padres demasiado presente que pueden asfixiar a los hijos. |
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PADRES SOBREPROTECTORES |
Los hijos son los que siempre tienen razón, son confiables y no pueden equivocarse: cualquier intervención o presencia se produce para ejercer la defensa o la justificación de sus hijos. |
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PADRES |
Son los que – pudiendo –no quieren hacerse cargo de sus hijos, mas allá de su forma de comportarte o de su rendimiento. Permanecen ajenos a todo lo que suceda con ellos. Padres ausentes. |
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PADRES |
Son los que no pueden hacerse cargo porque, por situación laboral o personal ni disponen del tiempo de los medios para ocuparse de los hijos. La buena voluntad choca contra la imposibilidad. |
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PADRES |
Son los que no saben cómo ocuparse de los hijos y que no intervienen porque carecen de medios para hacerlos. Suponen – especialmente en ciclo superior – que no tienen forma de saber qué es lo que pasa con la educación del hijo. |
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PADRES |
Son los que se muestran pedantes y conocedores de todo lo que le sucede o puede sucederles a los hijos. No hay novedad, ni posibilidad de intervención porque se creen con derecho de opinar y dictaminar sobre la escuela, los directivos, las materias, los docentes, los exámenes, etc. Suelen transferir los conocimientos profesionales o los éxitos en la vida social y económica a |
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PADRES DEL PASADO |
Repiten con sus hijos los que sus padres hicieron con ellos, respondiendo a un modelo de escuela del pasado. Pueden parecer obsecuentes, pero en realidad se trata de padres que confían en el buen criterio de la escuela y de los educadores, mas allá de las instituciones y las personas reales. |
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PADRES |
Son los que no pueden con sus hijos: ni con su conducta, ni con sus estudios, ni con sus límites, ni con sus hábitos. Han bajado los brazos y le piden a la escuela y a sus actores que intervengan en su nombre. |
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PADRES |
Pueden ser cuestiones reales o ficticias: por diversas razones los padres no existen: han muerto, se han separado y se arrojan mutuamente la responsabilidad sobre la educación de los hijos (especialmente cuando los mismos dan trabajo o crean problemas). Desconocen el rol y la responsabilidad de educador, función que se deposita en otros familiares o – por inacción - en la misma escuela. |
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PADRES |
Tienen criterio y juicio crítico, saben reconocer sus propios límites y errores, y señalan las fortalezas y las debilidades de la educación escolar. |
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PADRES |
Asumen el rol de educadores como una tarea compartida por los dos padres y transitoriamente con |
065. El necesario aporte de los padres
01. Ocuparse del propio hijo es más importante que pero-cuparse por él. Quien se ocupa se hace cargo, quien se preocupa, anticipa lo que no sucedió o lamenta lo que está sucediendo o cree que ya no puede resolver los problemas que aparecen.
02. El ocuparse de los hijos no prescribe con el crecimiento y el paso del tiempo. Solamente cambia de forma, se adapta, encuentra nuevas maneras. Pero los padres – mientras los hijos concurren a la escuela – mantienen siempre el ejercicio de su responsabilidad.
03. Es natural que los hijos se resistan a los controles y a la presencia de los padres. Que sea natural no significa que sea correcto. Los padres no deben renunciar a sus derechos y obligaciones frente a la protesta filial. Debe haber palabras, negociaciones y acuerdos para mantener esta presencia.
04. Aunque parezca obvio, lo primero que los padres deben certificar es si sus hijos concurren a la escuela, si lo hacen en tiempo y forma, si permanecen en ella y si medianamente tienen una conducta acorde al lugar. Algunas de estas cuestiones transforman a los padres – por ignorar aquello que deberían saber - en co-responsables.
05. Algunas veces deben establecer relaciones con la escuela, sus autoridades y sus docentes, para certificar cuestiones básicas: información, criterios, documentación, marcha general. Ni tanto, ni tan poco. No son los hijos los que deben manejar la presencia o la ausencia de los hijos, sino el buen criterio de los adultos.
06. Para ir a la escuela se necesita – en los estudiantes - una forma de presentación personal acorde al lugar. Aun la informalidad o la ausencia de uniformes exigen higiene y cuidado. Hay hábitos básicos que no se forman en la escuela, sino que se suponen adquiridos y desarrollados en
07. Para estudiar se necesitan numerosos materiales: no son los mismos en los diversos ciclos y niveles. Debería provocar inquietud y sospecha comprobar que los hijos no tienen obligaciones ni exigencias al respecto: cuadernos, carpetas, libros, fotocopias, diccionarios, calculadoras, etc, Frecuentemente los alumnos rechazan las pautas de los profesores escudados en una presunta imposibilidad económica de las familias (que no llegan a intervenir en la decisión).
08. Una copia del horario semanal, con la ordenada distribución de materias; el conocimiento de algunos nombres de profesores y responsables, algunos teléfonos importantes, las fechas en las que se efectúan informes, se toman evaluaciones, se entregan notas, se hacen pruebas integradoras forman parte de los conocimientos necesarios para tener una presencia activa junto a los hijos.
09. Un adolescentes de 16 año no necesita una revisión diaria de su carpeta, ni una intervención clandestina en su mochila (aunque a veces, en situaciones límites, no estaría demás): es aconsejable una charla periódica en un momento y en un lugar acorde, entre el hijo y los padres para que el estudiante comente sus cosas y problemas, y brinde un informe de lo que hace y deja de hacer.
10. Normalmente, cada día, hay tareas asignadas, trabajos, estudio, lecturas, búsqueda de información, repaso; periódicamente suelen aparecer una serie de evaluaciones periódicas: por tanto es necesario que dispongan y respeten tiempos dedicados a la escuela.
11. No se trata de preguntar si el hijo aprobó o se eximió, sino – sobre todo – si aprovecha y aprende. Y hay forma de saberlo: las carpetas, las evaluaciones, las observaciones representan un documento para certificarlo.
12. La escuela ha cambiado, pero no tanto: algunos rituales del pasado sobreviven en el presente: libretas e informaciones periódicas sobre la marcha de sus hijos. Si no aparece, si la escuela no da señales de vida y nada se sabe o se dice, es posible que se haya producido un corte: temor, ocultamiento, demora. Lo mejor es acercarse a la escuela, sin amenazas ni advertencia, y recabar la información.
13. Los problemas, los fracasos, los aplazos, los exámenes, la repitencia son cuestiones que deben ser abordados con serenidad, firmeza e intervención segura, buscando más las causas en el alumno-estudiante que en el interior de la escuela (también allí). Uno puede aprender de los errores y encontrar la forma de re-organizar el presente y el futuro.
14. No toda la vida se agota en la escuela, porque hay muchos aspectos de la vida que se aprenden a través de otros medios. Sin embargo, durante el desarrollo de los ciclos de la educación escolarizada no debería existir actividad que la neutralizara en el valor y en los recursos que se le asignan. Por lo menos para la familia, la educación debería ser lo primero.
15. La mayoría de los padres, de todas las clases sociales, tienen ocupaciones abundantes, pero ninguno puede renunciar a su rol de padre. El tiempo valioso que invertimos en las ocupaciones debe también invertirse en la educación de los hijos, porque no son importantes solo a la hora de defenderlos o justificarlos, sino sobre todo cuando debemos construir con ellos el futuro personal.
16. Es un rasgo prudencia saber pedir ayuda. No para delegar las tareas, sino para saber cómo se debe ejercer el rol. Cuando a uno se le queman los papeles hay otros padres, profesionales, docentes – con más experiencias – que tienen papeles nuevos y nuevas recetas para acompañar y fortalecer la tarea.
17. Tal vez sea importante recordar que – más allá de las condiciones económicas que cada uno viva – la educación sigue siendo el mejor legado, porque no se trata de cosas, riqueza, propiedades, posibilidades sociales o económicas, sino un cambio subjetivo, interior, pleno que es la mejor herencia.
18. Con cada aporte de los padres, la escuela se beneficia. Sin la presencia y sin las contribuciones de los padres, las escuelas se muestran mas vulnerables e imposibilitadas de lo que son. Se trata de una tarea común en la que el sujeto es el mismo y los responsables acuerdan la manera de acompañar su decisión de educarse y crecer.
19. Hábitos, límites, virtudes, urbanidad, sentido de la ubicación son condiciones básicas que pueden probarse en la escuela… pero que no deben aprenderse y ejercitarse antes de llegar a ella. Hay una tarea previa y complementaria que siempre está en manos de los padres y de la familia.
20. Para muchos padres, estas palabras son demasiado conocidas e innecesarias porque asumen su rol con responsabilidad y cumplen con sus obligaciones. Para otros pueden ser un buen despertador: siempre se está a tiempo para hacer lo que hay que hacer. Sería necio, renunciar a la obligación que surge de nuestra decisión de tener hijos y velar por su crecimiento integral. Para algunos padres ausentes y familias desintegradas, la tarea se deposita en los educadores y en la escuela que deben crear las condiciones para suplir de alguna manera esa ausencia.
064. La joven vida de Juno + interrogantes para educar
Cuando uno ingresa al universo de
Tal vez por eso sea tan interesante y recomendable
Juno – en una construcción actoral impecable – es una estudiante de 16 años que queda sorpresivamente embarazada de un compañero con el que no sabe muy bien qué vínculos lo unen. Ambos debutan – afirman – como “sexualmente activos”. No se desencadena el drama ni en sí misma, ni en su entorno, ni siquiera en su familia: pero ella es la que debe crecer para encontrarle la vuelta a su nueva vida, ya que a partir de ese momento todo será descubrimiento: en su cuerpo, en sus costumbres, en sus compañeros, en quienes lo rodean.
A nadie se le puede pedir que sea experto en aquello que vive por primera vez: por eso cada uno de los actores involucrados va procesando ideas, sentimientos, decisiones. Incluido el universo de los adultos: el padre y la madrastra llaman la atención por la serenidad con que reciben la noticia (se alegran que no se trate de una expulsión del colegio o de un asunto de drogas) y acompañan el proceso; los educadores de la escuela están ausentes, ya que sólo se menciona una discutible clase de educación sexual; la pareja que aparece como solución para el recién nacido vive situaciones de inmadurez y una manifiesta incompatibilidad que los llevará irremediablemente al fracaso. Los adultos no solamente no representan un mundo seguro y perfecto, sino un espejo demasiado frágil en el que cuesta reflejarse.
Lo curioso de la película es que no se plantea – en principio – ni el problema del embarazo indeseado y adolescente, ni se plantea la legitimidad o no del aborto. Puede ser que ambas cuestiones sean relevantes, pero en el universo de pensamiento y de discurso de estos chicos no es ese el planteo (sólo hay una escena – previa a la consulta en una organización pro abortista – en la que una compañera oriental le pide a Juno que no aborte) sino que en realidad lo que todos discuten es “qué hacer con sus vidas”. No se pone en cuestión los principios morales, el bien o el mal, lo correcto o lo censurado: el tema se instala como naturalmente, como propio de un momento en que muchas cosas parecen generacionalmente naturales. Los temas, principios o referencias religiosas son directamente ignorados.
Frente a estas realidades estamos nosotros los adultos, como están en su sitio los adultos de la película, haciendo lo que debemos o podemos y tratando de construir los discursos propios de
Para los adolescente de esta generación – y es posible notarlo a diario en las aulas – no se tratar de dramatizar, alterarse, tomarse todo a la tremenda, sino de encontrar en todo el sentido del humor, el tono adecuado, el momento, la persona y el lugar para tratar de abordar los temas y problemas con serenidad.
Principalmente al final – cuando aparece el fantasma de la soledad y Juno no termina de saber con quien, además de su amiga, puede compartir su vida - hay una creciente construcción de la idea de confianza en los valores humanos: la fidelidad a uno mismo y a sus compromisos, los afectos sinceros y el verdadero sentido del amor, que emerge del casual pero sabio diálogo con su padre. La imperceptible y sólida maduración interior la convence de varias ideas: el amor se construye, las parejas se mantienen unidas si se respetan como tales y se aceptan como son y la relación sexual y el embarazo que deberían haber llegado como consecuencia del amor, aunque hayan representado para Juno y su pareja el pasaporte para descubrirse y enamorarse.
La estética de la película es muy adolescentes (paisajes, dibujos, colores, el cambio de las estaciones, habitaciones, clima y lugares de la escuela, prácticas de deportes). Curiosamente hay íconos de la cultura adolescente que, por alguna razón, están ausentes: teléfonos celulares, televisión o computadora (asociadas a videojuegos, chateo, o internet).
Descubrir a los nuevos sujetos para comprenderlos, y comprenderlos para intentar una educación en diálogo con sus códigos puede ser una estrategia para revitalizar la presencia de los adultos significativos y la verdadera educación.
063. ¿Con qué escuela y con qué docentes los educamos?
Muchos son los que están sentados, cada día, en nuestras aulas, escuchando nuestras lecciones, dormitando o distraídos, participando o ignorándonos, sumergidos en sus mundos. Pero están allí, abandonan sus mundos para cumplir con el ritual de la escuela. ¿Qué escuela necesitan? ¿Qué tipo de lecciones, contenidos, disciplinas, metodología, recursos y evaluaciones reclaman? ¿Y qué docentes pueden hacerse cargo de esta generación? ¿O ya hay docentes que pertenecen – por edad y por costumbres – a esta Es generación?
Es verdad – empero – que en otra orilla (cada vez mas lejana) hay una generación de excluidos que, con una asimetría peligrosa están ajenos a todos estos reclamos… y que esperan otra escuela, otros docentes, otra forma de incluirlos y contenerlos para educarlos.
La Nación. 15.06.08. Maria Naranjo.
Millennials: la generación del futuro: Viven conectados a la Web, hacen mil cosas al mismo tiempo, se comportan como consumidores exigentes y eligen estudiar sólo lo que les gusta. Así son los hijos del milenio
La escena puede ocurrir en el cuarto de cualquier adolescente: la tele prendida, la computadora también, los parlantes del iPod a todo volumen, la carpeta del colegio abierta, igual que varias "ventanas" en la pantalla de
La capacidad de multitasking (hacer varias cosas al mismo tiempo) es un rasgo central de las nuevas generaciones. Son los "hijos del zapping", y trasladan esta facilidad de saltar de una cosa a la otra al estudio, al trabajo y a las relaciones interpersonales. "Es como que no terminan de engancharse con nada; no arraigan; cuesta lograr que mantengan el interés o el compromiso con algo", se lamentan padres y educadores.
Los nacidos entre 1984 y 1995 tienen hoy entre 12 y 22 años. No tuvieron que "incorporar" las computadoras a su vida: nacieron prácticamente con ellas y crecieron con la masificación de Internet. Aunque tiene sus connotaciones locales, se trata de un fenómeno global. Estudios realizados en Europa, Asia, Estados Unidos y, más incipientemente, en América latina permiten delinear rasgos comunes entre los miembros de esta generación, a la que los norteamericanos Neil Howe y William Strauss bautizaron millennials. Algunos los consideran parte de
Howe y Strauss, autores de Millennials rising, the next generation (El ascenso de los Millennials, la nueva generación), describen a estos adolescentes y jóvenes como sobreestimulados, saturados de actividades desde la niñez, que buscan la satisfacción inmediata, pero no son rebeldes como los baby boomers o escépticos como
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Entre los pocos estudios que existen en el país sobre el tema,
Según el sondeo, las dificultades que surgen en el ámbito académico se relacionan con la falta de concentración. Una clase tiene que ser práctica antes que teórica, fácil, rápida y divertida. "Esto plantea un enorme desafío para los docentes: nos exige innovar, implementar metodologías más interactivas, pero sin bajar el nivel o entrar en el facilismo –destaca Serrafero–. La clase magistral del profesor dictando cátedra desde un atril no les llega, necesitan algo más participativo".
La misma actitud se traslada al mundo laboral. Por eso los jóvenes de esta generación priorizan los horarios flexibles, un buen grupo de trabajo y un ambiente ídem. No se sienten fieles a
A muchos de ellos la posibilidad de trabajar en una gran corporación no los seduce en absoluto. Un reciente estudio sobre los motivos de cambio laboral realizado por la Universidad de Palermo muestra que entre los jóvenes de
En la Argentina, los millennials pertenecen a una generación que siempre vivió en democracia. Pero fueron marcados a fuego por la hiperinflación, la recesión y el estallido socioeconómico de 2001, tal como señalan Alberto Franichevich y Eugenio Marchiori, profesores del Area de Comportamiento Humano en la Organización del IAE (la escuela de negocios de
"En cierto sentido, es una generación que creció en una especie de burbuja. No juegan en la calle a la pelota porque es peligroso, juegan al fútbol en la play –apunta el psicólogo Daniel Schmuckler, especialista en adolescentes y miembro de
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"Hay dos máquinas que nunca se apagan en esta casa: la heladera y
Si algo caracteriza a los millennials es "la necesidad de estar permanentemente conectados, así como una idea de intimidad muy diferente de la de generaciones anteriores. Por eso se muestran sin dificultades a través de los blogs y, sobre todo, los fotologs", describe Marchiori, del IAE. Cada minuto que pasa se suben 10 fotos a estas páginas personales, una especie de diario íntimo en imágenes, de las que se crea una nueva cada dos minutos, según las estadísticas de Terra Argentina. Los responsables de esta avalancha de bits colgados del ciberespacio tienen entre 13 y 18 años. Más del 60% de los adolescentes tiene un flog, según una encuesta de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad del Salvador.
"Pareciera que uno de los valores de la nueva sociedad es ser famoso", reflexiona Fabián Calderón, docente y director de una escuela privada del barrio de Balvanera. El éxito de programas tales como Gran Hermano, entre los más chicos, y la compulsión a mostrarse en Internet le dan
Aunque son grandes usuarios de tecnología, los adolescentes suelen desconocer la jerga que utiliza
062. Calidad de la educacion, ¿tema o problema?
(01) El tema de la “calidad educativa” ha desvelado a los Ministros de educación de los últimos 30 años. Y ha sido así porque la educación ha exhibido en este tiempo un progresivo deterioro y porque se han introducido una serie de instrumentos cuantitativos que permitirían evaluar y comparar el nivel de calidad de los sistemas educativos (tanto en el interior del mismo sistema como del sistema con respecto a otros).
(02) Los operativos de evaluación de calidad han sido muchos y variados. En principios han sido útiles para las autoridades educativas: poco y nada han representado para la realidad educativa: directivos, docentes, alumnos y familias. Cada uno de estos actores “certifican”, disfrutan o padecen la buena o mala calidad de una maneara directa. Especialmente los padres y las familias comprueban hasta qué punto sus hijos aprenden, aprovechan, saber y pueden afrontar los ciclos posteriores o el mundo laboral.
(03) En el pasado no se hablaba de calidad de la educación, sino simplemente de educación (si es tal debe ser de calidad): aunque los diversos sujetos hacían un aprovechamiento desigual de la oferta educativa. Algunos tenían rendimientos excelentes y otros deficientes, pero el sistema garantizaba que las escuelas y sus educadores brindaran la mejor educación posible.
(04) A partir de las sanas y recomendables políticas de universalización real de la educación (progresiva obligatoriedad y exigencias de los mismos usuarios), el aumento cuantitativo de la matrícula obligó a asegurar a todos los interesados un lugar en el sistema. Ese esfuerzo cuantitativo (cuanto mas alumnos haya en la escuela, mejor) no fue acompañado por un esfuerzo por asegurar o mantener los niveles de calidad, los niveles de “buena educación”. Las explicaciones que se dieron – especialmente en la década del 90 – apuntaba a la siguiente idea: con los alumnos dentro de la escuela, podemos transformar y hacer mejor la educación en una etapa posterior.
(05) Lo cierto es que la universalidad y la ausencia de condiciones de funcionamiento adecuado terminaron por desacreditar el producto: la escuela, los docentes, los saberes, los resultados mismos de
(06) Es verdad que inciden factores económicos y sociales, pero no son determinantes. Refuerzan situaciones. Los beneficiados socio-económicamente generan instituciones mejores, docentes mas comprometidos, entornos favorables porque logran disponer de medios para hacerlo, pero sobre todo de motivaciones, razones para tal construcción. En otros sectores sociales la educación no llega a ser prioridad y la concurrencia obligada a las escuelas depende de muchos factores (de hecho los abandonos, desgranamiento o atrasados son abundantes) pero el uso, el aprovechamiento de las mismas es relativo y frecuentemente nulo. Pero no siempre los recursos aseguran una buena educación, ni su ausencia condenan al fracaso. Hay mucho de actitud, de juego de valores, de compromiso con un futuro mejor que pase por la educación.
(07) No sé si se trata solo de OPERATIVOS DE EVALUACION, de DIFUSION DE LOS RESULTADOS DE LOS OPERATIVOS, de CREAR NUEVAS ESTRUCTURAS MINISTERIALES… o si – por el contrario – es necesario reinstalar (1) el valor social y estratégico de la educación, (2) la necesidad de cambios de fondo en el funcionamiento de las escuelas, (3) la profesionalización de la formación y del ejercicio de la docencia, (4) el compromiso de las familias, (5) la fuerte presencia motivadora de los medios y de
Puede sonar a utópico, pero es algo que funcionó en el pasado y que puede funcionar en el futuro si creamos las nuevas condiciones, las que se adapta a la sociedad, al escenario, a los sujetos y a las demandas de nuestros días.
061. Educación y escuela: tareas pendientes
01. CODIGOS Y MENSAJES: el lenguaje y las acciones de los docentes contrasta con el lenguaje y las expectativas de los padres que no entienden los nuevos códigos y aguardan del docente el modelo de educación que recibieron. Hay un conflicto de expectativas y de interpretaciones. Para los docentes, los padres no respaldan como se necesita la labor del aula. Para los Padre los docentes no educan a los hijos como ellos quisieran. Escuela, función de los docentes, educación, aprendizajes y actividades de los hijos tienen diversas versiones e interpretaciones. Y el diálogo entre ambos se cruza de códigos diferentes.
02. EDUCACION: sin un concepto claro de educación y sin un conocimiento realista de cada hijo, se hace imposible elegir la institución educativa que los contengan y respondan a las expectativas formuladas. Hay una puja entre la escuela y la familia que termina victimizando al alumno/hijo.
03. ENCUENTROS PADRES, DOCENTES, ESCUELAS: los encuentros obligatorios y formales entre los padres y los docentes terminan siendo un trámite por cumplir sin construirlo como un espacio de acuerdos, de consensos, de búsqueda en común. No se trata de hablar de temas particulares, sino de problemas comunes atendiendo a la edad de los educandos. Sobre la base de criterios y lenguaje común es posible que cada padre pueda ubicar la problemática, las fortalezas y las debilidades de sus hijos… y los docentes las explicaciones necesarias para contenerlos. Hay infinidad de temas que son propios de cada año, de cada edad y que puede ser abordados en un encuentro entre los co-responsables de la educación.
04. PADRES Y DOCENTES: se necesita una “preparación profesional” para afrontar los encuentros con rigor y solvencia. Hay un discurso propio de la profesión pero entendible por parte de los padres, un clima de comunicación y confianza para generar el intercambio. Y es necesario un explícito respaldo institucional.
05. RELACIONES INSTITUCIONALES: la ausencia de conflictos o la racional resolución de los mismos, el espíritu crítico, la posibilidad de disentir, de construir juntos, de generar espacio es la única forma de generar instituciones educativas que favorezcan el crecimiento de todos. Las diversas formas de violencia simbólica que atraviesan las instituciones, asociadas a sospechas, temores, palabras y mensajes reservados socavan la fortaleza de la institución y de los docentes.
060. La difícil tarea de educar
Tal vez sea necesario volver al origen: descubrir que en los inicios de la escuela la articulación entre la familia y la institución eran muy fuerte, y que sólo la redundancia de los mensajes comunes favorecía el sentido y el valor de la educación.
Tal vez haya que revisar los contratos mutuos e instalar en el espacio público de la escuela un ámbito para que se puedan acordar las acciones del espacio privado propio de la familia, de cada familia.
Tal vez muchos padres, madres, familias compartan los mismos criterios, pero aislados terminan creyendo – porque así se lo hacen saber sus hijos – que son los únicos anticuados que siguen pensando y defendiendo ciertos principios. Las políticas de aislamiento han sido – precisamente – una de las tácticas más efectivas.
Tal vez haya que renunciar a los supuestos, a lo que se supone obvio, y re-pensar juntos la educación que queremos, el tipo de crecimientos, los valores necesarios, la mirada sobre el futuro. Y para ese sea necesario que las familias tengan una presencia mas comprometida en las escuelas, no tanto para la demanda puntual acerca de los derechos de sus hijos, sino para el fortalecimiento de sus propios roles y obligaciones.
Tal vez la educación que nos espera es esa en la que todos somos educados, no sólo los sujetos en crecimiento: los padres en su función de padres y los docentes en la capacidad para interpretar lo que sucede y en la habilidad para producir la mejor de las respuestas posibles. Tal vez.
059. Adolescentes en la escuela: ¿y yo qué haría?
Discutimos con un grupo de alumnos, chicos y chicas de 16 años, algunos principios éticos y la valoración moral de ciertos casos y ejemplos. La consigna apuntaba a determinar cuál era la respuesta personal en cada uno de los casos, evaluar la fundamentación que acompañaba cada respuesta, habilitar un clima de diálogo entre posición diversas y procurar consensuar algunas respuestas comunes.
Fue curioso descubrir el grado de valoración moral que reina entre tales adolescentes. No corresponder proceder a la generalización, porque pueden no ser representativos, pero no difieren en gustos, presencia, forma de vida y costumbre del resto de la población.
En cada uno de los casos, lo que imperaba era la ley de la propia seguridad, satisfacción, provecho, interés. Y fue muy difícil presentar los argumentos acerca del valor y de la vigencia de una ley moral común y compartida.
(1) Si en un accidente, alguien lleva por delante a un solitario ciclista o peatón provocándole lesiones graves o la muerte, y no hay testigos o sucede en un lugar solitario, es lógico que huya, evitando compromisos y problemas legales.





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